“La antigüedad es una alerta, no un diagnóstico. Una unidad puede tener varios años y conservar un desempeño adecuado porque ha recibido el mantenimiento correcto; otra puede seguir circulando y haber dejado de ser rentable”, explicó Julio César Romero, director comercial de ELAM-FAW Trucks.
“No podemos comparar un mes con 8,000 kilómetros recorridos contra otro con 15,000 y concluir que el vehículo se volvió más costoso. Hay que revisar el mantenimiento y el consumo por kilómetro, junto con la carga, la ruta, la frecuencia de las reparaciones y el tiempo fuera de operación. Sólo así se puede saber si el rendimiento realmente se está deteriorando”, señaló Romero.

MEDIR EL COSTO REAL
Para identificar ese momento, las empresas deben evaluar mantenimiento y consumo por kilómetro, kilometraje recorrido, tipo de carga, rutas, frecuencia de reparaciones y tiempo fuera de operación.
El análisis resulta especialmente importante cuando aumentan las fallas correctivas. El costo real no termina en la factura del taller: una unidad detenida puede significar viajes no realizados, entregas reprogramadas, contratación de transporte adicional y pérdida de ingresos.
“A veces una reparación parece menos costosa que asumir el financiamiento de una unidad nueva, pero falta calcular lo que ocurre mientras el camión está parado”, señaló Romero.
Las nuevas generaciones de vehículos también incorporan telemetría y sistemas de diagnóstico capaces de monitorear consumo, conducción y necesidades de mantenimiento. Estos datos permiten anticipar desviaciones y reducir interrupciones, siempre que se traduzcan en decisiones operativas.
REPARAR O RENOVAR
Antes de sustituir un vehículo, las empresas necesitan comparar cuánto costará conservarlo durante los próximos años frente al costo de adquirir uno nuevo. Combustible, mantenimiento, refacciones, seguros, financiamiento, disponibilidad, vida útil y valor residual deben formar parte de la evaluación.
La caída acumulada en las ventas demuestra que renovar una flota sigue siendo una decisión sensible para el flujo de efectivo. Sin embargo, postergar la inversión también puede resultar costoso cuando aumentan las reparaciones y disminuye la disponibilidad.
Para el transportista, la pregunta clave ya no debería ser únicamente cuántos años tiene el camión, sino cuánto cuesta mantenerlo en operación y cuánto valor continúa generando por cada kilómetro recorrido.

























