Entre ellos destaca un mayor énfasis en liderazgo, cultura de calidad y comportamiento ético, así como una diferenciación más clara entre riesgos y oportunidades y una mayor vinculación de la política de calidad con la estrategia de las empresas.
También incorpora un nuevo Anexo A para facilitar la comprensión de conceptos, terminología e intención de los requisitos, además de mantener la consideración del cambio climático incorporada previamente mediante la enmienda de 2024.

Ampliación de la certificación
La actualización adquiere particular relevancia para el sector industrial mexicano. De acuerdo con estimaciones de BSI, basadas en indicadores de la International Accreditation Forum (IAF), únicamente 1.2% de las unidades económicas del país cuenta con certificación ISO 9001.
A pesar de este porcentaje, el número de organizaciones certificadas registra un crecimiento anual estimado de entre 4.5 y 5.2%, mientras que México ocupa el cuarto lugar en América por número de certificados ISO.
“En México, la certificación ISO 9001 tiene una presencia importante en diversos sectores como manufactura, automotriz, aeroespacial, alimentos y bebidas, logística, construcción, salud y servicios. Sin embargo, existe una gran oportunidad de crecimiento entre las pequeñas y medianas empresas, que representan la mayor parte del tejido empresarial del país”, señaló Lillian Peregrina, sales director de BSI Latinoamérica.
Para las empresas industriales, adoptar un sistema de gestión de calidad también puede convertirse en una herramienta para fortalecer su competitividad y facilitar su incorporación a cadenas de suministro que demandan procesos estandarizados y mecanismos de mejora continua.
Según los datos recopilados por BSI, 73% de las organizaciones certificadas reportó mejoras en la calidad de sus operaciones; 50% experimentó un incremento directo en facturación y 32% logró expandirse a mercados internacionales, incrementar exportaciones o acceder a licitaciones transfronterizas.
Empresas deberán prepararse para la transición
Con la publicación de ISO 9001:2026, las organizaciones certificadas bajo la edición anterior deberán revisar los nuevos requisitos e identificar los cambios necesarios dentro de sus sistemas de gestión.
Entre las acciones recomendadas se encuentran la capacitación de la alta dirección, responsables de los sistemas de gestión y auditores internos, así como la realización de un análisis de brechas que permita identificar los ajustes requeridos.
“Independientemente del plazo que finalmente se establezca para la transición, es fundamental que las organizaciones se familiaricen con los nuevos requisitos y desarrollen las competencias necesarias para implementarlos. Uno de los principales desafíos será asegurar que la alta dirección, los responsables del sistema de gestión y los auditores internos comprendan plenamente los cambios”, explicó Peregrina.
La evolución de ISO 9001 también refleja la transformación que han experimentado los sistemas de calidad. Desde sus antecedentes en la norma británica BS 5750, publicada en 1979, y la primera ISO 9001 de 1987, el estándar ha avanzado desde modelos centrados principalmente en inspección y documentación hacia procesos de mejora continua, gestión de riesgos y alineación estratégica.
Para Peregrina, esta evolución permitirá acercar todavía más la gestión de calidad a los objetivos del negocio.
“Las organizaciones que implementan un sistema de gestión de calidad sólido logran mejoras medibles en su desempeño operativo y comercial. ISO 9001 proporciona a las organizaciones una estructura para documentar y optimizar sus procesos, evaluar riesgos y oportunidades e incorporar la mejora continua en su operación. La nueva versión fortalecerá la relación entre la estrategia de negocio y la ejecución operativa”, concluyó.



























